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ACTIVIDADES
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10 de octubre de 2008 El pasado viernes 10 de octubre, bajo una tarde gris y lluviosa, nos encontramos alrededor de 50 personas en una de las sedes de la Universidad Autónoma de Colombia, localizada en el centro de la ciudad de Bogotá. El objetivo del encuentro era responder al llamado de los integrantes de los grupos de investigación libertaria CILEP y ESPORA, con el fin de debatir algunos puntos teóricos e históricos relacionados con la praxis libertaria y su articulación con el trabajo popular. En un inicio, cada uno de los grupos convocantes se presentó, relatando brevemente el trabajo que ha venido realizando y los futuros proyectos que tiene en mente. Antes de dar inicio a las charlas programadas, se aclaró que tal evento era el primero de un ciclo de 3 encuentros que se desarrollarán antes de finalizar el año. Los otros dos, programados para noviembre y diciembre, se ocuparán de las influencias libertarias dentro del movimiento campesino e indígena en Colombia a inicios del siglo XX y sobre pedagogía libertaria y poder popular. Además, se resaltó el hecho de que era el primer conversatorio convocado y desarrollado plenamente por los integrantes de los grupos convocantes, sin necesidad de recurrir a ponentes “expertos” en este tipo de temáticas. En un primer momento, uno de los integrantes del CILEP, a partir de la lectura de un texto que había formulado tiempo atrás, trató de explicar cómo bajo una perspectiva libertaria es necesario no entender la política desde un “modelo del arquitecto”, es decir, como un objeto de fabricación que llega a ser a partir de un diseño previamente concebido. Por el contrario, y valiéndose de los conceptos griegos phronesis y techne, esta persona intentó resaltar la importancia de comprender la política como un ejercicio que responde a la comprensión de la situación concreta y, en este sentido, que avanza y se configura desde el reconocimiento de las condiciones propias del lugar. Es decir, la política, más allá de interpretarla y ejercerla como un simple acto de imitación o de réplica de modelos universalmente propuestos, debe ser entendida tanto como un acto que emerge y logra desplegarse a partir de la propia particularidad situacional, como una práctica que en si misma contiene un saber, el cual no responde necesariamente a un conocimiento teórico previo. En un segundo momento, este mismo ponente quiso relacionar la propuesta conceptual anteriormente mencionada, con la práctica libertaria. Así, acudiendo a algunos pensadores como Hegel y Marx, señaló la necesidad de replantar la idea del “revolucionario idealista” que trata de transformar la realidad tras la búsqueda de un ideal previamente concebido, pues al seguir estos pasos corremos el riesgo de que al enfrentarnos a esa realidad que proyectamos alterar, podemos darnos cuenta de que ésta no es como se pensaba y, por lo tanto, esos ideales prefabricados pueden llegar a ser inoficiosos al no guardar necesariamente una relación con la situación real enfrentada. Lo anterior puede llegar a darse si durante el proceso de configuración del idealismo revolucionario no se tiene en consideración la particularidad de la realidad situacional, es decir, las condiciones reales materiales que se expresan en las relaciones sociales, las relaciones de producción y las relaciones de poder. Por ello, se considera necesario que el movimiento libertario en Colombia tenga en cuenta el contexto social, político, histórico y cultural que lo rodea, que caracterice el régimen en el cual vive, teniendo en cuenta el antagonismo entre capital-trabajo y la posible articulación con las diversas formas de resistencia que se presentan en el país. Todo esto con la intención de construir dese la propia situación la transformación social. Finalmente, este ponente resaltó la importancia de la articulación del movimiento libertario con los procesos populares (situación que no resulta ser del todo novedosa dentro de la propia historia anarquista a nivel mundial ya que inclusive los clásicos, como Bakunin y Malatesta, hablaban de la necesidad de “ir siempre con el pueblo”) y señaló que uno de los principales aportes que puede realizar el movimiento libertario a otras expresiones sociales, es justamente impulsar las formas organizativas horizontales, antiburocráticas y antijerárquicas. Esto se mostró recurriendo a las discusiones y acciones que se llevaron a cabo en los setentas en Argentina. En ese país, después de las divisiones que se dieron alrededor del conocido diario “La Protesta”, los anarquistas captaron su papel imprescindible en las luchas populares y se insertaron en el movimiento social promoviendo, entre otras cosas, la autogestión, el trabajo de base y la socialización del poder político. Después de esta primera intervención, otro integrante del CILEP diferenció la forma como se puede interpretar el concepto de poder desde un punto de vista coercitivo (entendido como un “poder sobre”) y otro desde una óptica libertaria (entendido como un “poder hacer”). El primero de ellos es un poder prescriptivo, asociado a las prácticas gubernamentales actuales e históricas, que resulta nocivo para el pensamiento libertario pues llega a ser tal a partir de la destrucción e invalidación de la capacidad de poder hacer. De esta forma, se identifica el poder estatal simplemente como un tipo de poder entre otros, mas no como la única posibilidad de éste. Sin embargo, este tipo de poder gubernamental se entiende como un tipo de poder (el poder, en un sentido nominal) que inevitablemente ejerce un manejo sobre el poder-hacer (poder como verbo), al objetivarlo para convertirlo en un instrumento de su gestión. Este poder hacer, según el ponente, es el poder del pueblo, el cual se constituye como una amalgama de muchísima gente que es oprimida y que es consciente de esa opresión. Más adelante, y haciendo uso de imágenes proyectadas, este ponente explicó la forma en que ese poder-hacer se ha expresado en diferentes movimientos libertarios en América Latina. Las estrategias de organización y articulación, los medios de expresión y el cercano e inevitable vínculo con otros movimientos populares de 3 procesos característicos, de 3 países latinoamericanos (México: el proceso de los hermanos Flores Magón y los indios Yaquis; Argentina: Federación Obrera Regional Argentina – FORA; y Chile: Frente Anarquista), fueron aspectos que durante algunos minutos se trató en esta presentación. En este punto, resultó de gran utilidad la contextualización histórica y política presentada para cada uno de los casos mencionados, pues lograba no sólo esclarecer el ambiente en el que aparecieron estos procesos y sus diversas formas de expresión, sino también lograba evidenciar cómo éstas y otras iniciativas sociales, pese a no responder explícitamente al título “anarquista”, manifestaban (y algunas de ellas manifiestan) prácticas anarquizadas, esto es, antiestatales, mutualistas, horizontales, que operan fuera de la gubernamentalidad y, esencialmente (en conexión con la primera presentación), que tratan de construir procesos populares desde el reconocimiento de su propia situación, en aras de alcanzar un control de su propia vida. Finalmente, y ya un poco cortos de tiempo, se abrió el espacio para las preguntas, comentarios y otro tipo de intervenciones. Acá algunos compañeros resaltaron la importancia de replantear y pensar el anarquismo en Colombia desde diferentes referentes contextuales, sin necesidad de limitarse (pero tampoco desconocer o menospreciar) referentes clásico anarquistas de otras partes del mundo. Por último, se planteó la cuestión de si es posible entender la educación popular a partir del concepto de phronesis previamente discutido, a lo que los exponentes del CILEP respondieron que sí, encontrando un claro ejemplo en el proceso de Investigación Acción Participativa (IAP), tan promovido y difundido por el difunto pensador colombiano Orlando Fals Borda.
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