ACTIVIDADES


EMMA GOLDMAN - LA MUJER MÁS PELIGROSA DEL MUNDO

::Fecha: 26 de junio de 2009
::Lugar: Salmón Cultural Piso2 (Bogotá)
::Organizan: CILEP - Escuela Feminista - Rexiste Riot Grrrl

::Apoyan: Red Libertaria Popular Mateo Kramer y Red Revuelta

La mujer más peligrosa del mundo
Por: LY - CILEP

Cuando en conjunto con otros colectivos decidimos escribir un texto sobre Emma Goldman, tratamos de idear una forma de no reiterar demasiado en las mismas cosas y de repartir el trabajo, la determinación fue dividirla en 2 facetas: anarquista y feminista, y que cada cual se encargara de tratar una de ellas, a nosotrxs nos correspondería hacer hincapié en la Emma anarquista. Sonaba simple pero fue un reto, clasificar su ímpetu revolucionario para poderlo explicar, dividir su experiencia vital en un convencional dúo fue una tarea exigente; especialmente tratándose de Emma, para quien la unidad era fundamental, tratándose de una gran crítica y provocadora de su época que nos desafió con su perspicaz humor y sarcasmo a hacer, pensar e imaginar más allá de nuestras apelmazadas costumbres, como las de dividir para clasificar y explicar, muy cartesiano de nuestra parte. Sin embargo, así como ella desplazó los estrechos límites del cuadriculado pensamiento positivista y moderno que caracterizó su tiempo, utilizando las herramientas que éste le proveía, nosotrxs hacemos lo propio ahora, no tan lejos de esos mismos presupuestos como nos gustaría. En todo caso, así jugaba Emma, ese era el reto que proponía: cuestionar lo definido, lo dicho, lo reconocido como verdad, repensar las causas y las consecuencias, leer entre líneas, reconocer nuestras propias ataduras para romperlas, pensar radicalmente diferente, libremente.

¿Qué más radical que concebir una sociedad sin estados-nacionales?, pues bien, así lo hizo, evidenció lo innecesarios y aún lo absurdos que resultaban a través de diversos cuestionamientos: ¿Quiénes se creían acaso esas élites que conducían el gobierno para definir la moral y administrar nuestra vida?, ¿cómo era posible que sus convicciones e intereses constriñan a millones en el puritanismo y al mismo tiempo fueran sus instituciones, destilando doble moral, quienes quebrantaran las leyes que se encargan de penalizar? Y todo en aras de mantener el artificial aparataje estatal, decía ella: “Los moralistas se hallan siempre dispuestos a sacrificar una mitad de la raza humana para la conservación de algunas miserables instituciones que ellos no pueden hacer prosperar.” ¿No sería posible acaso que sin la inequidad social que el gobierno auspiciaba aliándose con los grandes acumuladores de riqueza, cesara la violencia política, la prostitución o el crimen, males que justificaban la existencia de una burocracia parásita y el cobro de impuestos, un sistema de explotación paralelo al industrial? “El crimen no es nada más que energía mal dirigida (…) mientras la mayoría de las personas estén fuera de lugar, haciendo las cosas que odian hacer, viviendo una vida que aborrecen vivir, el crimen será inevitable y todas las leyes en los estatutos solamente pueden aumentar, pero nunca terminar con el crimen.” ¿Realmente necesita la vida social este tipo de organización estatal?, ¿para qué? “Lo mejor que ha hecho el gobierno es imponer un solo modo de vida, sin importar las variaciones individuales y sociales, además de sus necesidades. Al destruir el gobierno y las leyes estatutarias, el Anarquismo propone rescatar el respeto-propio y la independencia del individuo de toda prohibición (…) Solamente en la libertad el hombre aprenderá a pensar, a moverse y a dar lo mejor de sí.”

Esta destrucción del Estado, que para lxs más domesticadxs y obedientes resultaba impensable, imposible e impráctica, iría acompañada de la construcción de un nuevo orden basado en la solidaridad y la libertad; ante la mortal monotonía de desmesuradas y mecánicas jornadas de trabajo “El Anarquismo aspira desgarrar al trabajo de su aspecto estéril y aburrido, de su brillo y compulsión. Intenta hacer del trabajo un instrumento de gozo, de fuerza, de armonía real, para que aún el más pobre de los hombres, pueda encontrar en el trabajo recreación y esperanza”. Así, Emma nos invitaba a un mundo de libre asociación donde el quehacer y su duración dependiera de las inclinaciones, necesidades y deseos de lxs trabajadorxs, necesidades y deseos que también deberían emanciparse de las viejas costumbres “inclinadas a un lujo excesivo, a la afición desmedida por sombreros y vestidos vistosos”. Nadie, nunca más, tendría que producir para satisfacer las infladas demandas de unos cuantos que tienen más gracias al trabajo de quienes tienen menos. Al respecto no podemos dejar de insistir en que eran ellos, los hombres, quienes tenían más, quienes tenían todo, al fin y al cabo sus derrochadoras esposas no eran otra cosa que una más de sus posesiones, por lo menos en la Rusia y Norteamérica donde ella vivió.

Desde luego estas ideas no eran absolutamente novedosas, como no lo es y no lo ha sido ningún ideal en ningún lugar, esto es justamente lo que nos insinuaba al afirmar: “Mi vida, como le he vivido, pertenece toda a aquellos que han entrado en ella (…) Su amor, así como su odio, ha hecho que mi vida valga la pena”. No solo Most, el mentor de quien se distanciaría, o Berkman, su amante y camarada, la inspiraron, también lo hicieron los escritos de Proudhon, Wilde, Tolstoi, Bakunin, entre muchxs otrxs, y la interminable lista de personas con quienes cruzó caminos.

Este tipo de reflexiones donde Emma, quizás sin saberlo, nos sugiere desafiar la visión egocéntrica y personalista que cree firmemente en la creación genial individual, y en donde además demuestra su sensibilidad y gran pasión, son quizás su mayor aporte a la posteridad. Aún a pesar de las inevitables contradicciones que con respecto a sus causas encarnó en su vida cotidiana, lo que sólo ratifica que pregonar un ideal es ciertamente más fácil que vivirlo día tras día; ella lo intentó, abordando y encarando los asuntos de su época y de su vida con tal rebeldía que pudo sobrepasar ampliamente los límites del quehacer trazados por el capitalismo patriarcal en que vivía. Al escribir su autobiografía entendió que tratar de separarse de su propia vida en aras de describirla objetivamente no solo era inútil y estéril, sino imposible. Aún en el seno de una comunidad judía de estrecha moral, demostró que su vida no pertenecía a nadie separándose del esposo que ella había elegido, en tiempos donde los matrimonios no eran más que transacciones comerciales. Cuando leyó la violencia política ejercida por algunos anarquistas no como una falta de inteligencia o táctica política, sino como una respuesta emocional, sensible e incontenible ante la crueldad y violencia con que el sistema capitalista atacaba a sus congéneres, fue capaz de distanciarse del vulgar utilitarismo y de afirmar que a veces hay que gritar para ser oído.

Desafió toda ética que, aún si fuera proclamada por anarquistas, pretendiera aplacar o ignorar la exuberancia, colorido y diversidad propios de la experiencia humana, que propendiera por arrebatarle el recreo y belleza al día a día. “La paz y la armonía entre ambos sexos y entre individuos, no ha de depender necesariamente de la igualdad superficial de los seres, ni tampoco traerá la eliminación de los rasgos y de las peculiaridades de cada individuo. El problema planteado actualmente (…) consiste en preciarse de ser uno mismo, dentro de la comunión de la masa de otros seres y de sentir hondamente esa unión con los demás, sin avenirse por ello a perder las características más salientes de sí mismo.” Con esto nos demuestra que aunque hablaba del individuo, lo entendía fundido en la sociedad, en la colectividad, de esta forma la libertad del individuo no estaría por encima de, sino que iría de la mano con otras libertades. “El individuo es el corazón de la sociedad, conservando la esencia de la vida social; la sociedad es el pulmón que está distribuyendo el elemento para mantener la esencia de vida –es decir, al individuo- pura y fuerte.”

Y aunque migró a los Estados Unidos con la esperanza de hallarse en la tierra de la libertad, una y mil veces reconoció su desilusión: “Ni en los dominios del zar se ultrajan tan frecuentemente y con tal extensión las libertades personales como en los Estados Unidos.” Ella entendió que la libertad no se obtendría con un voto, porque “Hasta votando por lo correcto es hacer nada por ello”, en primer lugar, porque no tiene sentido delegar nuestras luchas a quienes poco o nada les importan, y en últimas porque había que conquistarla día a día a través de la acción, solo así esta libertad se haría parte de nosotrxs.

Todo esto constituye nada más y nada menos que su propuesta para la destrucción y reconstrucción del mundo, una que cambie la ley por justicia y la estrechez por amplitud, es por esto que: “Los métodos del Anarquismo no contienen un programa armado de hierro para llevarse a cabo bajo toda circunstancia. Los métodos deben salir de las necesidades económicas de cada lugar y clima y de los requisitos intelectuales y temperamentales del individuo”. Su propuesta también pone en evidencia que el mundo habita en nosotrxs y por lo tanto la lucha debe ser simultánea, afuera y adentro. Al respecto comentó: “Se pensó que todo lo que se necesitaba era la independencia contra las tiranías exteriores; y las tiranías internas, mucho más dañinas a la vida y a sus progresos –las convenciones éticas y sociales- se las dejó estar, para que se cuidaran a sí mismas, y ahora están muy bien cuidadas”.

Para emprender estas misceláneas luchas, Emma recomendaría la acción directa como método, uno que “habiendo probado su efectividad en las líneas económicas, es igualmente potente en el ambiente individual. Allí cientos de fuerzas avanzan sobre el ser y sólo la resistencia persistente frente a ellas finalmente nos liberará. La acción directa en contra de la autoridad en la tienda, acción directa en contra de la autoridad de la ley, acción directa en contra de la autoridad entrometida, invasiva de nuestro código moral es el método lógico y consistente del Anarquismo. ¿Nos guiará a una revolución? Por supuesto, lo hará. Ningún cambio social ha venido sin una revolución. Las personas o no están familiarizadas con su historia, o todavía no han aprendido que la revolución es el pensamiento llevado a la acción.”